Una tarjeta de visita dice quién eres. Un sitio web lo lee alguien que ya lo sabe: ha buscado tu nombre, o se lo ha dado un vecino. No se pregunta quién es esta persona. Se pregunta algo mucho más práctico: ¿puede ayudarme esta persona y cómo la localizo hoy?
Las tres cosas que busca un visitante
Observa a cualquiera usar el sitio de una pequeña empresa durante treinta segundos: la secuencia es siempre la misma. Busca qué haces, si lo haces cerca de él y cómo ponerse en contacto. Todo lo demás — la historia de la empresa, los valores, la foto del apretón de manos — se lo salta.
No es una crítica a esas secciones. Es una cuestión de orden. Pon las tres respuestas primero y el resto pasa a ser agradable de leer en lugar de un obstáculo.
Cómo se traduce en la práctica
- Una frase que diga qué haces, con las palabras de tus clientes y no con las de tu oficio. «Reparo grifos que gotean e instalo baños» gana a «soluciones de ingeniería sanitaria».
- Dónde trabajas. Quien vive a dos pueblos de distancia necesita saber de un vistazo si sigue leyendo.
- Una forma de localizarte que funcione ahora mismo. Un número de teléfono que sea un enlace en el móvil, o un formulario de reserva. No un formulario de contacto que responde «le contactaremos».
Por qué el resto puede esperar
Una página que intenta decirlo todo no dice nada primero. Tus trabajos, tu equipo, tus certificaciones importan — a quien ya ha decidido que quizá seas la persona indicada. Son la segunda página, no la primera pantalla.
También por eso entregamos un sitio y no un constructor de páginas. Decidir dónde va el número de teléfono no es una decisión de diseño que debas tomar a las once de la noche.